Cena en Contenedor de la C/ San Luis

La otra joya escondida de la C/San Luis

Javier Martín Velicia/ Antonio Faya Barrios

Nadie debería visitar Sevilla sin reservar unas horas para pasarse por el barrio de la Macarena y conocer la iglesia de San Luis de los Franceses o al menos asomarse un instante a su portentosa y tardía fachada barroca .
Nos habían citado en el restaurante el Contenedor una noche desangelada de enero para la cena constitutiva de la Asociación de Gourmets de Sevilla, precisamente frente por frente de la iglesia de San Luis. Nada sabíamos del sitio la mayoría. La búsqueda por internet nos había devuelto lo que se presentaba como una mezcolanza video-arte-cocina-tendencias-compromiso ( muy loable) con la cultura. Un espacio, según se decía, para sacar a la luz procesos creativos, con la exposición permanente de los paisajes abstractos de Ricardo Llinares.
Nos asomamos con cautela y la verdad es que el local respondía a lo que cabía esperar: alguna zona para copear a la entrada, un cierto regusto industrial en la decoración, cuadros de los grandes y de los abstractos en las paredes , barra y cocina a la vista tras un panel transparente, iluminación precaria y mesas y sillas espartanas.
Menos mal que por allí estaba nuestro Presidente y gran promotor del proyecto Ignacio Candau que rápidamente hizo las presentaciones pendientes mientras empezábamos a degustar la primera de las tres manzanillas de la bodega de Pedro Romero Candau, la manzanilla fina.
Nos fuimos sentando sin mayor ceremonia. Nos dio la alternativa Miguel Vergara, en representación de la Asociación Nacional de Gourmets. Nos habló de París, del Bosón de Higgs, de la comida como prosa y el vino como poesía. Sazonó su intervención con anécdotas de bachilleres y grandes generales romanos.
Habló después Pedro Romero Candau, que nos ilustró sobre las edades de la manzanilla que de fina pasa a pasada y acaba en olorosa. Más aún agradecimos que nos ilustrara sobre los vinos generosos como cultura. Pasamos entonces a los entrantes, debidamente regados por las tres variedades de manzanilla citadas.

  • Entrantes: Paté de pato con su propia grasa confitado con su hígado con gallina, acompañado de queso de oveja semicurado de Zamora, con mermelada de membrillo. Un perfecto entrante, muy elegante la combinación. Más avellanas americanas como decoración.

Fueron sucediéndose los platos y también las conversaciones. Se habló de un genio que hay en Aponiente, que es capaz de hacer pasar el pescado por carne. Neil Mcarble, sevillano irlandés o irlandés sevillano, nos habló de la crisis económica de su pais ( pequeño, según resaltó) y de lo que tenía que ver y lo que no con la nuestra que no cesa. No pudo faltar con manzanilla por delante en cantidad y calidad la conversación sobre la feria, la feria de día y la feria de noche. Santiago Urquijo lamentó las connotaciones de la palabra gourmet y coincidimos con él en el potencial económico y de creación de riqueza que en torno a lo mucho y bueno que hay de comer y de beber en nuestra tierra puede generarse.

  • Tres platos al centro:

Arroz con confit de pato en crujiente de su piel con frambuesas y soja, su salsa de pimientos, cominos, laurel y setas, en su punto, todo un placer. El arroz era redondo, como el plato. Un clásico en el Contenedor. Siempre está en carta.
Lubina salvaje en su punto asada con pimienta, todo un espectáculo, acompañada de un puré de coliflores y las huevas cocidas de abajo arriba de la propia lubina, todo ello sobre una rúcula ecológica y pimientos asados a baja temperatura. La mejor proposición de la noche según el público.
Lomo de ciervo fresco tronchado, con puré de castañas asadas con mantequilla y una perfecta guarnición de peras asadas con lombarda al horno, nos conquistó a los comensales.
Seguíamos disfrutando de la mesa y de las conversaciones. Es agradable la sensación de familiaridad que proporciona una ciudad como Sevilla, en la que raro es que no haya amigos comunes, colegio común o aficiones comunes. Nos habló Miguel Vergara del storytelling y por tanto, del fontanero de Obama y de la niña de Rajoy.

  • Postres : tarta de queso y manzana, bizcocho de zanahoria con azucar glas ( muy americano), tarta de merengue sobre mango, marquesa de chocolate. Un Pedro Ximenez muy viejo de la bodega de Pedro Romero.

Fernando Pérez Camacho desde su atalaya de Catedrático y Coordinador de la Licenciatura de Enología de la Universidad de Córdoba, nos habló de vino, del in vino veritas y del vino a la verita, del vino que se embarcaba procedente de Cazalla y del Condado para hacer las Américas. Del vino, en fin, profundamente enraizado en nuestra cultura. Muy bueno, por cierto, el vino tinto Florentino de Lecamba que también nos sirvieron.
Pasaban las horas y aquello no decaía, pese a que al día siguiente nos tocaba madrugar a la mayoría. Finalmente salieron el propietario y su jefe de cocina Álvaro a explicarnos lo que tanto habíamos disfrutado. Ricardo comenzó colocando una pizarra frente a nosotros, toda una declaración de principios. Cocina de mercado que cambia cada día, con diez o doce platos y algunos fijos como el arroz con pato. Apuesta radical por los mejores proveedores, estén donde estén: obrador artesano para el pan, pescado de las lonjas de Huelva, confit de pato de un proveedor francés. Siempre los ingredientes más frescos. La rúcula venía de un huerto ecológico de las afueras de Sevilla, del que se surten, respetando siempre los ritmos de producción. Hacen sus propios postres.
De la encuesta que pasó Ignacio Candau resultaron conclusiones claras: sitio inaccesible por medios propios, el local deja que desear, nos ha encantado la comida ( no tanto el pan). Amables aunque el servicio es mejorable. Óptima relación calidad-precio. Para muchos de los que no lo conocíamos, quedó incorporado a nuestros restaurantes de cabecera.