Poncio

En el encuentro de marzo, celebrado en el día de hoy, visitamos la Taberna Poncio. En esta ocasión maridamos con unos magníficos vinos de las bodegas Pérez Barquero de Montilla, Fino, Amontillado, Oloroso y Pedro Ximenez. No os podeis imaginar la calidad de los mismos. Sorprendente. Tambien nos han puesto un blanco del año Viña Verde, que tomado fuera de la temporada de verano y a la temparatura adecuada, tiene un relación precio calidad soberbia. MenúPoncio

Rompiendo el azahar un once de marzo en Sevilla a la vera de Santa María la Blanca, a eso de las dos de la tarde, no son unas malas coordenadas para concitarnos en casa del afamado Willy Moya, en su Restaurante taberna Poncio.
El local es muy agradable en una casa antigua, con barra para tapear y mesas bien armadas con sillas cómodas. Eramos 30, por lo que le pedimos al salón justo lo que era capaz de dar de sí. El resultado final fue estrechuras e incomodidad para los camareros.
Nos planteó un menu de cinco platos para maridar con magníficos vinos en su conjunto de las Bodegas Perez Barquero de Montilla. Cuatro clásicos cien por cien uva Pedro Ximenez y un blanco Viña Amalia, de PX, moscatel y verdejo que nos han parecido muy agradables y con una magnífica relacion precio calidad.
Hablamos de maridar, pero por este lado, me temo que la organizacion ha fallado estrepitosamente, pues el servicio no ha estado a la altura de los vinos, por desconocimiento, por desidia, o por agobio. Un poco desastre.
La comida, pues bueno, una sensación de haber perdido un referente culinario de hace ya algunos años. Sabemos que Willy anda mucho por Turquía, asesorando, por lo que quizas esperabamos algún guiño. Pero no ha sido así. Una ensaladilla de pulpo, con pimentón, francamente buena, que tomamos con una copa de fino Gran Barquero, punzante, intenso, aromático, con multitud de premios y bien merecidos.
Continuamos con un salmorejo de remolacha, con polvo de queso y mojama de isla Cristina, que no entenderé por qué le llama salmorejo, cuando es una crema de remolacha. Los añadidos son anecdóticos, pues el fuerte y característico sabor de la remolacha se come lo que le ponga por delante. Me ha gustado la textura. cambiamos al Viña Amalia que me ha sorprendido este año. Recuerdo aun el del anterior. Este vino soporta muy mal la botella y los contrastes de temperatura con los que se suele servir en verano. El punto de uvas con tanto azucar me agrada con la remolacha, que ya de por si también es dulce.
Nos trajo Willy a continuacionun panizo con matalahuga con madre de ajo blanco, apio nabo, pera y caballa ahumada, que lo bebimos tambien con el Viña Amalia. Francamente mucho lío, mezcla de sabores sin sentido y una trabajera.
Cambiamos al amontillado Gran Barquero (19 grados) para recibir al siguiente plato unas pochas limongrass con ostras en tempura. Del vino lo que quiera, de las pochas, pues bueno y de la ostra en tempura, pues de tempura poco, empanadas y fritas y dejadas caer sobre las pochas, pobrecitas estas. Nada, ocasion perdida. El vino se merecía otra cosa. De lo mejor de la DO Montilla Moriles.
Por ultimo, nos trajo la consabida carrillera, en este caso al oloroso con ajo colorao y ajonjoli. Hombre es una carne muy socorrida, pues verdaderamente admite cualquier guiso. En todo caso, creo que el tiempo de las carrilleras paso hace mucho. Le tocaba el oloroso, que si bueno era el amontillado, este no le queda a la zaga.
Terminamos con el postre, con un P.X. Fantastico. Consistía, en una finísima tarta de manzana caliente con helado, que francamente la veo superada.
El servicio para salir del paso, sin mucho conocimiento de los vinos, amable y atento. La presentacion de los platos cuidada, como siempre, con variedad de piezas y adecuadas a cada propuesta. El ambiente cordial. Quizás en la carta encontremos propuestas mas actuales. Muy adecuado el precio.